viernes, 12 de noviembre de 2021

Héctor Abad Faciolince. "El Olvido que seremos".

 HÉCTOR ABAD FACIOLINCE. “El Olvido que seremos”. Edit.: Seix Barral. Biblioteca breve. Barcelona. 2010. (274 pág.).

 Héctor Abad Faciolince nació en Medellín, Colombia, en 1958. Estudió Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad de Turín (Italia). Fue columnista de la revista Semana y en la actualidad escribe regularmente para El Espectador. También es colaborador habitual de El País y de la revista Letras Libres de México. Fue director de la Biblioteca de la Universidad Eafit.

Además de numerosos ensayos, traducciones y críticas literarias, ha publicado, entre otros, los siguientes libros: Asuntos de un hidalgo disoluto (Alfaguara, 1994); Tratado de culinaria para mujeres tristes (Alfaguara, 1997); Fragmentos de amor furtivo (Alfaguara, 1998); Basura (2000), que obtuvo en España el I Premio Casa de América de Narrativa Innovadora; Angosta (2003), El olvido que seremos (2006), su libro más celebrado, en donde revive la historia de su padre, el doctor Héctor Abad Gómez, y las circunstancias de su asesinato; Traiciones de la memoria (2009), Testamento involuntario (2011), y La Oculta (2015), Premio Cálamo al mejor libro del año.

En 2017 Alfaguara reeditó El olvido que seremos, junto al documental Carta a una sombra (2015), inspirado en este libro, el cual presenta la violencia política que azotó Colombia desde la intimidad del duelo de la familia Abad. En 2020 Alfaguara publica Lo que fue presente, el conmovedor itinerario creativo de un escritor que recorre desde 1985 hasta la publicación de El olvido que seremos, que además será llevado al cine por Fernando Trueba.

En 1998 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en la categoría columna de opinión; recibió ese mismo premio en el año 2006. De sus libros hay traducciones a más de una decena de idiomas. De ellas, la de Angosta ha sido premiada en China, mientras que las versiones al inglés y portugués de El olvido que seremos fueron premiadas en Estados Unidos y Portugal, respectivamente.

 



 

Argumento de “El Olvido que seremos

El 25 de agosto de 1987 Héctor Abad Gómez, médico y activista en pro de los derechos humanos, es asesinado en Medellín por los paramilitares. El olvido que seremos es su biografía novelada, escrita por su propio hijo. Un relato desgarrador y emocionante sobre la familia, que refleja, al tiempo, el infierno de la violencia que ha golpeado Colombia en los últimos cincuenta años.

Puntuación otorgada por los lectores, en la reunión del 12-11-2021: 8

Anotaciones:

La novela es una reconstrucción fiel y amorosa del recuerdo del autor hacia su padre, de una familia, una ciudad, de la niñez y juventud... Tardó más de 20 años en escribir el libro, después de la muerte de su padre.

El título está inspirado en un soneto de Jorge Luis Borges que el hijo encontró en un papel escrito a mano en el bolsillo de su chaqueta el día que murió y que quedó escrito, como epitafio, en la tumba del padre:

 

Aquí. Hoy

Ya somos el olvido que seremos.

El polvo elemental que nos ignora

y que fue el rojo Adán y que es ahora

todos los hombres, y que no veremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas

del principio y el término. La caja,

la obscena corrupción y la mortaja,

los triunfos de la muerte, y las endechas.

No soy el insensato que se aferra

al mágico sonido de su nombre.

Pienso con esperanza en aquel hombre

que no sabrá que fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del cielo,

esta meditación es un consuelo.

 

Aparece en la portada una fotografía de Marta (su hermana) tocando el violín. Para José Otero, la portada pertenece a la película “El fuego de la venganza” (Man on Fire) de 2004, dirigida por Tony Scott e interpretada por : Denzel Washington, Dakota Fanning, Christopher Walken, Radha Mitchell, Marc Anthony, Giancarlo Giannini, Rachel Ticotin, Mickey Rourke, Gero Camilo, Jesús Ochoa.

Este libro es el intento de dejar testimonio de ese dolor (el de la muerte de su padre) un testimonio al mismo tiempo inútil y necesario. Inútil porque el tiempo no se devuelve ni los hechos se modifican, pero necesario para mí (…)”. (Pág.: 232).

Hace alusiones a ciertas conductas o espíritu gregario refiriéndose a actuaciones que se hacen por seguir a la mayoría, sin pensar, como borregos. Se es capaz de matar a personas buenas para acallar su voz por estar en contra de tus ideas o de la concepción que se tiene de tu país. La voz de su padre que hablaba de salubridad, de derechos humanos y que denunciaba tanto en la universidad como en los medios, molestaba mucho.

Se aprecia claramente el ambiente colombiano de luchas y matanzas colectivas ideológicas. Un país que lucha por salir de un pozo sin fondo, tras décadas de corrupción y violencia. ¿Cómo puede llegar un territorio a tal grado de angustia y desesperanza?

La familia no era rica ni pobre sino acomodada” decía su madre. Parece ser que el padre era el ideólogo, el que “vivía en las nubes de la ideología” la madre tocaba tierra, era la que con su trabajo y ahorros familiares sacaba adelante a la familia. En la página 220, el padre dice: “(…) Soy muy buen padre, pero muy mala madre”, queriendo decir que era bueno para fecundar, para poner la semilla de una buena idea, pero malo para la paciencia de la gestación y de la crianza (de sus ideas).

Imagen de la película "El Olvido que seremos" de Fernando Trueba.


Refleja perfectamente la importancia de la Iglesia en la Sociedad colombiana, haciendo una visión irónica de la religiosidad de la época. Por ejemplo, cuando el cardenal Alfonso López Trujillo, ultraconservador, pretendió prohibir el funeral del padre en la iglesia de santa Teresita, en 1987.

La lógica aristotélica y santo Tomás propugnan que a las verdades de la fe se puede acceder a través de la razón. Para san Agustín, el camino era el del corazón.

La fe o la falta de fe, no dependen de nuestra voluntad, sino del aprendizaje temprano: si desde pequeño te han educado en creencias metafísicas o por el contrario te han inculcado ideas agnósticas, será imposible cambiar de adulto.

Hace claras referencias a Jorge Manrique, en las “Coplas a la muerte de su padre”, incluyendo incluso, algunos versos referidos a la fugacidad de la vida. En estas coplas, Jorge Manrique nos habla de una tercera vida (además de la terrenal y de la eterna en el cielo o infierno). Es la vida de la fama: aquella que consiste en perdurar más allá de la propia muerte a través del recuerdo y de la fama conseguida.

 

 

Estilo:

Mantiene un sentido humorístico en sus “historietas” de su infancia y juventud.

Aparecen muchas palabras y expresiones del vocabulario propio de Colombia.

Se aprecia dos partes en el libro, una de recuerdos y la otra, más triste (la parte final, a partir de la muerte de su hermana Marta) con reflexiones muy profundas acerca de la muerte, la vida, las relaciones interpersonales, del asesinato de su padre por sus actividades peligrosas, la situación política de Colombia… En la película se reflejan estas dos partes porque las escenas de la infancia están en color mientras que el resto están en blanco y negro.

 

Citas:

El sufrimiento de los mártires en los primeros años del Cristianismo no había sido inferior, ni menos doloroso, al sufrido por los indios martirizados por los representantes de la fe cristiana. En nombre de esa misma Cruz por la que habían padecido martirio, los conquistadores cristianos martirizaron a otros seres humanos… Y todo esto para imponer con odio la supuesta religión del amor al prójimo, el Dios Misericordioso y la hermandad entre todos los hombres.

No nos enseñan a ser buenos, nos enseñan a no ser malos”. “Somos un “atado amorfo” de sentimientos buenos y malos, al que hay que mostrar el camino para sacar la mejor parte de uno mismo. Hay que intentar ser menos malo de lo que nuestras inclinaciones naturales nos indican.” (Pág.: 100).

Mi mamá y mi papá eran contradictorios y en sus creencias y en sus comportamientos, pero complementarios y de un trato muy amoroso en la vida diaria”. (Pág.: 113).

Hay como una curva creciente en el valor de la vida humana y la cima, creo yo, está entre los quince y los treinta años; después, la curva empieza, lenta, otra vez, a descender hasta que a los cien años coincide con el feto, y nos importa un pito.” (Pág.: 156).

Mi papá se había declarado (…) cristiano en religión, marxista en economía y liberal en política.” (Pág.: 176).

Todos estamos condenados al polvo y al olvido (...). Sobrevivimos por unos frágiles años, todavía, después de muertos, en la memoria de otros, pero también esa memoria personal, con cada instante que pasa, está siempre más cerca de desaparecer. Los libros son un simulacro de recuerdo, una prótesis para recordar, un intento desesperado por hacer un poco más perdurable lo que es irremediablemente finito. Todas esas personas con las que está tejida la trama más entrañable de mi memoria, todas esas presencias que fueron mi infancia y mi juventud, o ya desaparecieron y son solo fantasmas, o vamos camino de desaparecer, y somos proyectos de espectros que todavía se mueven por el mundo. En breve todas estas personas de carne y hueso, todos estos amigos y parientes a quienes tanto quiero, todos esos enemigos que devotamente me odian, no serán más reales que cualquier personaje de ficción, y tendrán su misma consistencia fantasmal de evocaciones y espectros, y eso en el mejor de los casos, pues de la mayoría de ellos no quedará sino un puñado de polvo y la inscripción de una lápida cuyas letras se irán borrando en el cementerio. Visto en perspectiva, como el tiempo del recuerdo vivido es tan corto, si juzgamos sabiamente, "ya somos el olvido que seremos", como decía Borges. Para él este olvido y ese polvo elemental en el que nos convertiremos eran un consuelo "bajo el indiferente azul del Cielo". Si el cielo, como parece, es indiferente a todas nuestras alegrías y a todas nuestras desgracias, si al universo le tiene sin cuidado que existan hombres o no, volver a integrarnos a la nada de la que vinimos es, sí, la peor desgracia, pero al mismo tiempo, también, el mayor alivio y el único descanso, pues ya no sufriremos con la tragedia, que es la conciencia del dolor y de la muerte de las personas que amamos”. (Pág.: 272)

Frase de Pancho Villa: “Sin justicia no puede haber paz”. (Pág.: 222). Pregunta: ¿Es necesaria la lucha armada para mantener la injusticia? “Contra Hitler, sí, pero es preferible el método de Gandhi, la resistencia pacífica”. (Pág.: 222).

Una de las cosas más duras que tenemos que hacer cuando alguien se nos muere, es vaciar y revisar sus cajones (…)”. “(…) Abrir los cajones es como abrir rendijas en el cerebro del otro (…)”. (Pág.: 224).

Todo ser humano, la personalidad de cada uno, es como un cubo puesto sobre una mesa. Hay una cara que podemos ver todos (la de encima) caras que pueden ver algunos y otros no, y si nos esforzamos, podemos verlas nosotros también (las de los lados); una cara que solo la vemos nosotros (la que está frente a nuestros ojos) otra cara que solo ven los demás (la que está frente a ellos) y otra cara oculta a todo el mundo, a los demás y a nosotros mismos (la cara en la que el cubo está apoyado). Abrir el cajón de un muerto es como hundirnos en esa cara que solo era visible para él, que solo él quería ver, la cara que le protegía de los otros: la de la intimidad”. (Pág.: 226).

Todos tenemos en nuestras vidas algunas zonas de sombras. No necesariamente son zonas vergonzosas; hasta es posible que sean las partes de nuestra historia que más nos enorgullezcan (…) pero que no queremos compartirlas con nadie. También pueden zonas ocultas porque nos resultan vergonzosas (…) o son hechos reprobables, detestables (…)”. (Pág.: 228).

“(…) Vivimos en un país que olvida sus mejores rostros, sus mejores impulsos, y la vida seguirá en su monotonía irremediable (…) y llegará ese olvido y será como un monstruo que todo lo arrasa, y tampoco de tu nombre tendrán memoria. Yo sé que tu muerte será inútil y que tu heroísmo se agregará a todas las ausencias”. (Pág.: 247).


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