jueves, 16 de abril de 2020

2020_04_16. Becquer. Rimas

POESÍA PARA LA CRISIS
Biblioteca “Honorato de Castro” de Borja. (Zaragoza)


Gustavo Adolfo Becquer. Nació en Sevilla, el 17 de febrero de 1836.
Su obra es muy reducida, sencilla, cálida, sentimental y depurada. La componen sus célebres "Rimas" (conjunto de 94 poemas breves) 25 leyendas y sus nueve cartas literarias con el título "Desde mi Celda".  En el Monasterio de Veruela, junto con su hermano Valeriano, encontró un lugar para restablecerse de sus problemas de salud, y desde allí envió sus escritos, entre ellos "Cartas desde mi celda", a diversas revistas.
Es uno de los últimos representantes del Romanticismo del siglo XIX, que alcanzó el reconocimiento después de su muerte, cuando vieron la luz muchas de sus obras. Un claro ejemplo de este “olvido” fue su libro "Rimas", que se perdió durante la Revolución de 1868, y gracias a su memoria y a las publicaciones donde algunas ya habían aparecido, se pudo reconstruir su obra más famosa, que terminó lanzándose junto a sus "Leyendas" en 1871, a un año de su desaparición física, como gesto de sus amigos para ayudar a su familia. Inicalmente Becquer las denominó “El Libro de los gorriones”.
Su vida se apagó en Toledo, aquejado por una enfermedad que lo acompañaba desde 1858, el 22 de diciembre de 1870, en plena juventud (34 años), meses después de la física desaparición de su hermano, que había fallecido en septiembre.


RIMA XIII
Tu pupila es azul y cuando ríes
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul y cuando lloras
las trasparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.

Tu pupila es azul y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea
me parece en el cielo de la tarde
una perdida estrella.


RIMA LIII

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
¡esas... no volverán!.

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
¡esas... no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar, ...
como yo te he querido...; desengáñate,
¡así... no te querrán!
RIMA XXI
¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

RIMA XXIII
[A ella. No sé...]
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... ¡Yo no sé
qué te diera por un beso!

RIMA XXXVIII
Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?



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