miércoles, 29 de abril de 2020

2020_04_29. Cervantes. Voto a Dios

POESÍA PARA LA CRISIS
Biblioteca “Honorato de Castro” de Borja. (Zaragoza)





Miguel de Cervantes y Saavedra nació en Alcalá de Henares (España) en 1547, falleciendo en Madrid el 22 de abril de 1616. Es uno de los autores más innovador de las letras españolas.
Como era propio de aquellos tiempos, sirvió a su patria en diversas ocasiones, luchando contra diferentes ejércitos. Tal es así, que mientras participaba en una de las batallas más ilustres de la historia española, la batalla de Lepanto, fue herido y perdió una mano. A partir de dicho momento, le quedó el mote de "el manco de Lepanto".
Además de su histórico Quijote, un tesoro único para la Literatura Universal, Cervantes se dedicó a la creación de entremeses y obras de teatro que eran representadas para la corte del Rey, con las cuales conseguía el dinero necesario para solventar los gastos de su familia que era muy pobre. Cabe mencionar también que como poeta, Cervantes fue muy prolífico.
El 13 de septiembre de 1598, falleció Felipe II en El Escorial, ordenándose publicar su muerte con trompetas y tambores en todas las ciudades y organizar actos funerarios solemnes. En Sevilla, dada su prosperidad económica gracias al comercio con América, se erigió, junto a la catedral, un túmulo de gran tamaño, sorprendente por su espectacularidad y coste. Su construcción duró más de 50 días.
Este monumento funerario llamó la atención de varios escritores del Siglo de Oro, entre ellos al insigne autor que hoy nos ocupa. La idea principal de este soneto con estrambote, consiste en una crítica a dicho catafalco, otorgándole voz a un soldado y a un valentón, que a través de la ironía, quedan admirados de esta majestuosidad pero en realidad era todo lo contrario. Cervantes critica esa preocupación de España por aparentar lo que no se era, en vez de preocuparse por solucionar los problemas económicos y sociales existentes:

… fuese, y no hubo nada.

Grabado de la época del túmulo a Felipe II en Sevilla



AL TÚMULO DEL REY FELIPE II EN SEVILLA (1598).

«¡Voto a Dios, que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla!;
porque ¿a quién no suspende y maravilla
esta máquina insigne, esta braveza?

¡Por Jesucristo vivo! Cada pieza
vale más que un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh, gran Sevilla!,
Roma triunfante en ánimo y riqueza.

Apostaré que la ánima del muerto,
por gozar este sitio, hoy ha dejado
el cielo, de que goza eternamente».

Esto oyó un valentón y dijo: «Es cierto
lo que dice voacé, seor soldado,
y quien dijere lo contrario, miente».

Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.

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